United States • 🌿 Progressive

Declaring Woke 1.0 "crazy" doesn't make the harassment, policing and exclusion it named disappear

Declaring Woke 1.0 "crazy" doesn't make the harassment, policing and exclusion it named disappear

Nesrine Malik challenges the rush to condemn Woke 1.0 after Ocasio-Cortez's "crazy" declaration, arguing that structural problems — harassment, policing…

Guardian columnist Nesrine Malik, writing in 2026, challenges the rush to bury what has come to be called Woke 1.0, arguing that lumping together genuine structural grievances and the behaviours they generated does real harm to the workers, women and minority communities those movements were built to protect. --- THE CONTEXT --- The so-called "vibe shift" — a post-pandemic cultural change encompassing fashion and politics — is described in Malik's column as having consolidated with Donald Trump's second election. The shift signals, in the columnist's framing, the rejection of the long 2010s: hashtags, pink hats, women's marches and public protest. --- THE FACTS --- This month, congresswoman Alexandria Ocasio-Cortez quoted a New York City councilman to state that "Woke 1 was crazy." Malik takes that declaration as her critical entry point, not to rehearse a defence of every action taken under that banner, but to contest the conflation it performs. She distinguishes the concrete problems — policing of minority communities, the right of women not to be sexually harassed or violated, systemic racism and sexism — from the cultural behaviours those movements triggered. She also names specific structural demands: expanding and diversifying university curricula, reckoning with glorified imperial histories, and updating media and academic institutions to make space for change. Those demands, she argues, are not crazy. --- THE POSITIONS --- Malik's position is that abandoning these principles under the pressure of a "vibe shift" is both a political and a moral error. Ocasio-Cortez is cited as the source of the declaration but offers no elaboration on which specific policies or positions she regards as excessive. No institutional response from Black Lives Matter, #MeToo or academic organisations appears in the source. --- WHAT REMAINS UNKNOWN --- The column does not specify which concrete reforms Ocasio-Cortez or others wish to walk back, nor does it identify who is institutionally driving the "vibe shift" narrative beyond Trump's electoral success. --- UNANSWERED QUESTIONS --- • Which specific demands from #MeToo or Black Lives Matter do their own architects now consider excessive? • What material consequences — in employment, safety, or legal protection — have workers and minority communities experienced since the "vibe shift" consolidated? • Is there a progressive blueprint for what would follow Woke 1.0 in practical policy terms? • How much of this internal revision reflects genuine electoral feedback versus media pressure? --- EPM ANALYSIS --- Malik's column draws a distinction that most coverage avoids: structural problems do not dissolve when the movements addressing them become unpopular. The immediate losers of a rushed revision are those whose safety and dignity depended on those problems staying visible. The decisive variable is whether the left can separate principles from excesses — without surrendering the argument entirely to a conservative framing that treats any concession as total validation. 📌 📌 EPM Take: In EPM's view, Malik's argument is indispensable precisely because it refuses comfort on either side. Our previous coverage of the human cost of public takedowns targeting Black academics and of disability payment cuts in the United Kingdom showed that discursive pivots produce countable victims. A left that declares its own recent past "crazy" without specifying what exactly was wrong is not correcting course — it is handing over the evidence. Dignity, equality and freedom from harassment are not cultural fashions. Treating them as such is the real error this moment risks repeating.

El fin del 'Woke 1.0' y la trampa de abandonar lo que nunca fue una locura

La columnista Nesrine Malik critica la prisa por descalificar el Woke 1.0 tras la declaración de Ocasio-Cortez, y distingue entre los excesos de los…

La columnista del Guardian Nesrine Malik advierte que la prisa por enterrar el llamado Woke 1.0 agrupa fenómenos muy distintos bajo una misma etiqueta desdeñosa, y que hacerlo tiene consecuencias reales para quienes esos movimientos intentaron proteger: mujeres acosadas, comunidades racializadas sometidas a violencia policial, trabajadores académicos y periodistas históricamente excluidos de sus instituciones. --- EL CONTEXTO --- La expresión «vibe shift», según Malik en su columna publicada en 2026, describe un cambio cultural post-pandémico que abarca desde la moda hasta la política. Ese giro se habría consolidado con la segunda elección de Donald Trump, presentada como el rechazo definitivo de lo que la autora llama «el largo 2010»: hashtags, marchas de mujeres y protestas callejeras. --- LOS HECHOS --- Este mes, la congresista Alexandria Ocasio-Cortez citó a un concejal de Nueva York para declarar que «el Woke 1 fue una locura». Malik recoge esa frase como punto de partida crítico: no para defenderla, sino para desafiarla. La autora distingue entre los problemas concretos que motivaron movimientos como #MeToo y Black Lives Matter —acoso sexual, violencia policial, racismo sistémico— y los comportamientos y excesos que esos movimientos pudieron generar en su interior. También señala demandas específicas: diversificar los currículos universitarios, revisar las historias imperiales glorificadas y actualizar instituciones mediáticas y académicas para dar cabida al cambio. --- LAS POSICIONES --- Malik no comparte la autocrítica apresurada de Ocasio-Cortez. Sostiene que calificar de «locura» el conjunto es un error político y moral. No se registra respuesta institucional de movimientos como Black Lives Matter ni de organizaciones académicas o sindicales ante esta discusión concreta. --- LO QUE FALTA SABER --- La columna no especifica qué aspectos concretos del Woke 1.0 la propia Ocasio-Cortez considera excesivos ni qué políticas o prácticas deberían preservarse. Tampoco aclara quiénes impulsan institucionalmente la narrativa del «vibe shift». --- PREGUNTAS SIN RESPUESTA --- • ¿Qué demandas específicas de #MeToo o Black Lives Matter consideran sus propios impulsores que deben retirarse? • ¿Qué consecuencias concretas han sufrido las trabajadoras y comunidades minoritarias desde que se instaló el discurso del «vibe shift»? • ¿Existe alguna propuesta progresista articulada de lo que sería un «Woke 2.0» o un movimiento sucesor? • ¿Cuánto de esta revisión interna responde a presión electoral real y cuánto a presión mediática? --- ANALISIS EPM --- Malik ofrece una distinción que las coberturas más superficiales eluden: los problemas estructurales —violencia policial, acoso sexual, exclusión institucional— no desaparecen por el hecho de que ciertos comportamientos asociados a los movimientos que los combatieron hayan resultado impopulares. Los perdedores inmediatos de esta revisión apresurada son quienes dependen de que esas protecciones se mantengan vivas en el debate público. El factor decisivo es si la izquierda puede separar principios de excesos sin capitular ante el relato conservador. 📌 📌 Conclusion EPM: A juicio de EPM, la columna de Malik importa precisamente porque no protege a ningún bando: cuestiona la autocrítica performativa tanto como cuestionaría el exceso que la provocó. En nuestras coberturas recientes sobre el coste humano de los ataques públicos a académicos negros y sobre los recortes de prestaciones a personas con discapacidad en el Reino Unido, hemos visto cómo el giro discursivo tiene víctimas contables. Renunciar a los principios de igualdad y dignidad para ganar ciclos de noticias es una derrota que tarda en verse, pero no tarda en sentirse.
📤 Share on Telegram

¿Te gustó este artículo? Recibe cobertura global en tu correo.

Suscríbete gratis / Subscribe free